26 sept. 2018

La televisión pública no existe

Cuando se parte de una premisa errónea, es complicado llegar a una conclusión meridianamente coherente. En España no existen televisiones públicas, lo que tenemos son “televisiones de gobierno” ya sea nacional o autonómico. Es por ellos que las denuncias que en las últimas semanas inundan los medios de comunicación y las redes sociales por una “gran purga” de profesionales en RTVE no pasan de ser maniobras habituales entre los antes purgadores que ahora son purgados. Obviamente esto también ocurría en la legislatura anterior donde los ahora purgadores eran los purgados. Se trata de un simple intercambio en los papeles. Cualquier visión distinta de la realidad en el “ente público” me parece absolutamente equivocada. Las hordas que ahora ponen el grito en el cielo antes callaban cual meretrices; los que entonces censuraban las prácticas en la radio y la televisión gubernamentales ahora no abren la boca y acatan sin rechistar lo que está ocurriendo.

Hablar de “la mayor purga en la historia de RTVE” no es ninguna exageración. Sólo podría admitirse esa definición si se tiene en cuenta la cantidad de “depuraciones” que se han hecho en muy poco tiempo. Con otros gobiernos este tipo de actuaciones se efectuaban de una manera mas ralentizada que, en cualquier caso, no puede dejar de ser criticada al mismo nivel que lo que está ocurriendo ahora. El fin perseguido es el mismo: el reafirmar que la radio y la televisión “del gobierno” no se convierten en medios plurales preocupados por formar, informar y entretener en vez de manipular dando realce informativo a la fuerza o fuerzas políticas que ostentan el poder y condenando al absoluto ostracismo mediático a aquellas que conforman la oposición.

Lo peor de todo es que este tipo de prácticas se han desarrollado durante tantos años en España que, por imitación, en esta sociedad 3.0 que ahora disfrutamos vivimos rodeados de plataformas de comunicación, redes sociales y grupos de conversación en nuestros teléfonos móviles en los que el respeto por quien opina distinto brilla por su ausencia. El maniqueísmo se ha impuesto al respeto a la pluralidad. El que ve las cosas negras no acepta a quien las ve blancas y considera iluso a quien apuesta por la gama cromática del arco iris.

En este país hemos tenido, tenemos y, me temo que seguiremos teniendo, la radio y televisión “del Gobierno” y las radios y televisiones “de los gobiernos regionales.” No obstante, siempre habrá quien diga que una de las acepciones del adjetivo “público” en el diccionario de la RAE ampara que podamos hablar de “medios públicos” por el mero hecho de que pertenezcan “al Estado o a otra Administración”. Con todo, dado que otras de las acepciones del término no acaban de cumplirse en la situación que nos ocupa, casi mejor evitar tal adjetivo para no devaluarlo.